En el primer cuatrimestre, la coparticipación federal se derrumbó en términos reales un 6,6% en Córdoba; un deterioro de los recursos que obligó a Martín Llaryora a poner en revisión su plan de gestión y a ajustar el gasto en todos los ministerios, con foco en infraestructura. 

Según la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales, que responde al Ministerio de Economía de Luis Caputo, Córdoba recibió en el primer cuatrimestre del año $1,80 billones por coparticipación y transferencias automáticas. En términos nominales, el salto es del 23,9% respecto a 2025. Pero la foto cambia cuando se la ajusta por inflación: ahí aparece una caída real del 6,6%. 

No es un dato aislado: abril marcó el noveno mes consecutivo de caída real en los envíos automáticos. Ese mes, Córdoba recibió $461.230,9 millones, un 28,2% más que en abril de 2025 en términos nominales. Pero con una inflación interanual que sigue corriendo por encima, el resultado vuelve a ser negativo: una baja real del 3,5%. 

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El dato no pasa desapercibido en el Panal, donde empiezan a recalcular cada partida. El problema para Llaryora es doble. Por un lado, la caída de recursos coincide con un contexto de desaceleración económica que golpea la recaudación de IVA y Ganancias, los dos motores principales de la masa coparticipable. Por otro, se da en medio de un delicado equilibrio político con la Casa Rosada, puesto que el cordobesismo viene jugando a la colaboración selectiva con el Gobierno de Javier Milei. 

En este marco, Llaryora llegará al 13 de mayo, cuando se iniciará el breve período de liquidación del anticipo de Ganancias por parte de las empresas. En una ventana de apenas tres días hábiles se acumula el grueso de los ingresos vinculados a los pagos de saldos de sociedades y al inicio o continuidad de anticipos del nuevo período fiscal. 

Ganancias explica entre el 20% y el 25% de la recaudación nacional en meses normales, pero mayo suele ubicarse por encima del promedio mensual porque combina anticipos elevados con la cancelación de saldos de declaraciones juradas. A diferencia de otros meses, no se trata solo de adelantos: muchas compañías liquidan allí el monto anual más pesado, lo que además redefine los anticipos futuros. 

Córdoba recibió en el primer cuatrimestre del año $1,80 billones por coparticipación y transferencias automáticas. En términos nominales, el salto es del 23,9% respecto a 2025. Pero la foto cambia cuando se la ajusta por inflación: ahí aparece una caída real del 6,6%

Al ser un impuesto coparticipable, el efecto se traslada directamente a las provincias. Córdoba, que recibe entre el 8,5% y el 9% de la masa, podría percibir entre $ 120.000 millones en un escenario bajo y hasta $ 210.000 millones en uno alto. La magnitud de esos números estimativos explica por qué el seguimiento de estos días es determinante para las finanzas provinciales. 

En el contexto actual, atravesado por la caída real de la coparticipación, mayo funciona como una verdadera prueba de fuego. Si la recaudación repunta, puede dar algo de aire y amortiguar la caída de ingresos; si no logra ganarle a la inflación, confirmará que la debilidad de la actividad económica se consolida. En ese sentido, mayo será una radiografía de economía formal: si en 2025 una empresa dio pérdidas, la base para calcular los anticipos 2026 es nula. Por lo tanto, el anticipo que vence en mayo debería ser cero peso. 

Puertas adentro del Gobierno ya hay señales de alerta en áreas sensibles. La obra pública, uno de los pilares de la gestión provincial, enfrenta un escenario de restricción creciente, pero no es la única área recortada. El Presupuesto 2026 preveía un gasto total de $11,44 billones, con un aumento nominal del 14,4%. Esa proyección quedó rápidamente desactualizada.

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