La guerra con Irán se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para Donald Trump. Por un lado, porque la resistencia iraní sorprendió a la Casa Blanca y la posibilidad de una guerra prolongada puede generar efectos nocivos en la economía.

El otro elemento es la caída en la imagen presidencial en un año en el que los republicanos se juegan la mayoría en el Congreso con las elecciones de medio término.  

En ese marco, un informe reciente de la consulta Leger revela que el conflicto bélico aumentó el rechazo a Trump a 55 por ciento con sólo 35 de apoyo, el valor más bajo desde que llegó a la presidencia. 

El estudio de  Leger se amplía a todo América del Norte y confirma que no hay acompañamiento de la sociedad a una escalada bélica. 

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El relevamiento, realizado en marzo de 2026, muestra que en Canadá predomina una postura clara. El 67% de los encuestados considera que el país debe mantenerse neutral, evitando alinearse militarmente con cualquiera de las partes involucradas. 

En contraste, apenas uno de cada cuatro canadienses respalda una eventual participación junto a Estados Unidos e Israel, lo que refleja un bajo nivel de consenso para cualquier tipo de intervención. Las diferencias también se expresan al interior de la sociedad canadiense. 

En Estados Unidos, el escenario aparece más dividido. Si bien existe un nivel de apoyo mayor a las acciones militares, este está lejos de ser mayoritario o incondicional. El informe señala que el respaldo disminuye significativamente cuando se introducen variables concretas como el envío de tropas terrestres, el aumento del gasto militar o la posibilidad de una guerra prolongada

En Estados Unidos, el escenario aparece más dividido. Si bien existe un nivel de apoyo mayor a las acciones militares, este está lejos de ser mayoritario o incondicional. El informe señala que el respaldo disminuye significativamente cuando se introducen variables concretas como el envío de tropas terrestres, el aumento del gasto militar o la posibilidad de una guerra prolongada. 

El temor a una escalada regional es uno de los factores más influyentes en la opinión pública de ambos países. La posibilidad de que el conflicto se extienda en Medio Oriente, sumado al impacto económico global -especialmente en los precios de la energía-, genera inquietud tanto en Canadá como en Estados Unidos. 

A esto se suma un creciente escepticismo sobre los objetivos y la justificación del conflicto. Una parte significativa de los encuestados manifiesta dudas sobre la necesidad de la intervención y se inclina por alternativas diplomáticas antes que militares. 

La encuesta también advierte sobre las implicancias políticas de estos resultados. En Estados, el respaldo condicionado de la ciudadanía podría actuar como un freno a decisiones que impliquen una mayor profundización del conflicto. 

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En este contexto, la guerra con Irán aparece no solo como un desafío geopolítico, sino también como una prueba para los liderazgos políticos, que deben equilibrar sus estrategias internacionales con sociedades cada vez más reacias a involucrarse en conflictos armados prolongados. 

La conclusión del estudio es clara: lejos de un clima de consenso, predomina la incertidumbre. Y en esa falta de respaldo uniforme, se configura uno de los principales límites para cualquier intento de escalada militar en el corto plazo.

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