La movilización por los 50 años del golpe de Estado desbordó la Plaza de Mayo y se convirtió en una de las más masivas desde el regreso de la democracia, en una jornada que excedió el repudio a la dictadura y se transformó en un mensaje político directo contra el gobierno de Javier Milei.

Las organizaciones de derechos humanos estimaban que la convocatoria superó incluso la de mayo de 2017 contra el fallo del 2×1 de la Corte Suprema, cuando cerca de medio millón de personas coparon el centro porteño. Esta vez, la plaza se volvió por momentos irrespirable, colmada por una marea humana que desbordó todas las diagonales y avenidas, en una postal que volvió a poner a los libertarios en clara desventaja en lo que llaman la “batalla cultural”.

El reclamo volvió a poner en el centro las cifras del terrorismo de Estado: 30 mil desaparecidos, el robo sistemático de bebés y más de 500 nietos apropiados, de los cuales apenas 140 recuperaron su identidad. Pero el tono de la movilización mostró que el eje ya no es solo memoria histórica, sino también una reacción frente a lo que amplios sectores interpretan como un intento de relativizar esos crímenes.

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Pero además del repudio al negacionismo libertario, las consignas apuntaron a la crisis económica que sigue golpeando el bolsillo de las amplias mayorías. En la plaza se mezclaron las banderas clásicas de derechos humanos con carteles que apuntaban directamente al ajuste del gobierno y la situación de los trabajadores. En Tucumán, instalaron un cajón fúnebre de cartón que velaban a los jubilados de la era Milei.

En ese contexto, la marcha funcionó como un duro revés político para la Casa Rosada. Mientras el Gobierno difundía un mensaje de casi dos horas que retomó la idea de que el golpe fue necesario para terminar con la guerrilla, en la calle se consolidaba una narrativa completamente opuesta.

El contraste fue brutal: de un lado, un discurso oficial que muchos calificaron de anacrónico; del otro, una movilización que mostró capacidad de convocatoria transversal donde dirigentes del peronismo como el gobernador Axel Kicillof o el ex candidato a presidente, Sergio Massa, caminaban por las calles colmadas en medio de ovaciones y saludos.

La desorientación del gobierno fue tal que el propio Milei, que en reiteradas ocasiones había atacado la figura de Raúl Alfonsín, terminó reivindicándolo en las últimas horas y comparándolo con el kirchnerismo. “El coraje es hacer lo correcto cuando aún la mayoría esté en contra. En la materia en cuestión, Alfonsín se ha destacado mucho más”, dijo en un giro forzado.

La movilización también tuvo fuerte respaldo político opositor. Además de la presencia de Kicillof y Massa, dirigentes del peronismo se volcaron masivamente a las calles mientras que La Cámpora concentró el a ex Esma, el lugar que fue un infierno para los detenidos que caían presos en la dictadura, y marcharon hasta San José 1111 bajo la consigna “los genocidas presos, Cristina libre”. La ex presidenta, desde el balcón de su departamento saludó a la impactante columna que la reivindicaba en su paso.

Como adelantó LPO, la marcha también sirvió de marco para concretar un gesto político potente hacia la interna del peronismo. Cristian Jerónimo, uno de los líderes de la CGT, se acercó a la ex ESMA, donde concentraba la columna de La Cámpora, y se fundió en un abrazo con Máximo Kirchner.

La masividad no se limitó a Buenos Aires. En Rosario, el Parque Nacional a la Bandera estuvo colmado y los organismos de derechos humanos estimaban más de 150 mil personas. Las columnas de sindicatos, movimientos sociales y partidos políticos avanzaban separadas por miles de asistentes sueltos: familias, jóvenes y chicos que le dieron a la marcha un carácter masivo y transversal: “hubo una movilización ciudadana muy importante”, dijo un experimentado militante del peronismo rosarino a LPO.

Escenas similares se replicaron en Córdoba, Tucumán y otras ciudades del país donde hace un año Milei obtenía un triunfo contundente en las elecciones intermedias. No es un dato menor, en mayo de 2017, medio millón de personas se volcaron a las calles para repudiar el 2×1 de la Corte Suprema que beneficiaba a los militares presos. En ese entonces, la multitud cuestionó al gobierno de Mauricio Macri que también intentaba avanzar con discursos de impunidad y negacionismo.

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