​A 60 kilómetros al norte de la capital, supuso una inversión de 1.300 millones de dólares y arrancó con las expectativas de crear 1.500 empleos directos y 7.500 indirectos. La ilusión se extendió entre las barriadas de precarias casas de madera, instaladas en un paisaje casi desértico, que carecen del servicio de agua y desagüe o de calles asfaltadas. Pero cuando el proyecto está a punto de echar a andar oficialmente, hay más quejas que sonrisas.A 60 kilómetros al norte de la capital, supuso una inversión de 1.300 millones de dólares y arrancó con las expectativas de crear 1.500 empleos directos y 7.500 indirectos. La ilusión se extendió entre las barriadas de precarias casas de madera, instaladas en un paisaje casi desértico, que carecen del servicio de agua y desagüe o de calles asfaltadas. Pero cuando el proyecto está a punto de echar a andar oficialmente, hay más quejas que sonrisas.

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