La guerra por el destino de Bioceres sumó un nuevo capítulo que mezcla acusaciones de traición, documentos presuntamente falsificados, transferencias millonarias y una trama societaria que comienza en Rosario y llega hasta Nueva York.

Bioceres Crop Solutions presentó el miércoles pasado en fiscalía una denuncia penal para que se investigue una presunta estafa por 12 millones de dólares vinculada a la transferencia de 5,3 millones de acciones de la compañía que cotiza en Nasdaq.

La presentación apunta contra Gloria Montarón Estrada, una abogada especializada en propiedad intelectual que durante años integró el círculo de máxima confianza de Federico Trucco, el histórico presidente, y ocupó cargos estratégicos dentro del grupo.

Ahora, se investiga si la abogada impulsó la venta fraudulenta de acciones en octubre de 2025 cuando ya no era directora ni estaba vinculada a Bioceres Crop Solutions con el fin de vaciar la compañía y desplazar a Trucco de la compañía.

La denuncia sostiene que la maniobra se instrumentó mediante una ‘carta de indemnidad’ presentada ante el Banco Continental de Nueva York, la entidad encargada de tener en custodia las acciones y una de las especializadas en sociedades que operan en Nasdaq.

 Se investiga si la abogada impulsó la venta fraudulenta de acciones en octubre de 2025 cuando ya no era directora ni estaba vinculada a Bioceres Crop Solutions con el fin de vaciar la compañía y desplazar a Trucco de la compañía 

Esa carta de indemnidad funciona como una especie de certificación de firma que le habría permitido a Montarón Estrada prescindir de la certificación de firmas para concretar la transferencia y además eximía al banco de cualquier responsabilidad futura derivada de la operación.

El punto más delicado de la denuncia es que la carta contenía una firma atribuida a Federico Trucco. El histórico presidente de Bioceres declaró que jamás firmó ese documento, que nunca autorizó a terceros a hacerlo en su nombre y que desconocía por completo tanto la carta como la transferencia posterior de las acciones.

Según la presentación judicial, esa documentación fue utilizada para mover 5,3 millones de acciones valuadas entonces en unos 12 millones de dólares desde Bioceres Crop Solutions -BIOX- hacia una sociedad vinculada al ecosistema de Moolec Science, la controlante por la cual el empresario uruguayo Juan Sartori se hizo de la tecnológica rosarina.

La operación quedó concretada entre el 13 y el 25 de octubre de 2025. Para entonces, sostienen fuentes vinculadas a los fundadores de la compañía, Montarón Estrada ya había dejado Bioceres y trabajaba para Moolec. De hecho, aseguran que las comunicaciones vinculadas a la transferencia se realizaron desde correos corporativos de esta última firma.

 Los antiguos directivos vienen denunciando desde hace meses una estrategia para desplazar al directorio original y quedarse con el control de BIOX, la compañía que cotiza en Nasdaq. 

El episodio ocurre en medio de una feroz disputa por el control de la biotecnológica. Los directivos históricos sostienen que la denuncia expone apenas una parte de una secuencia de movimientos que terminó desplazando al grupo fundador del manejo de la empresa que se convirtió en uno de los principales emblemas de la innovación biotecnológica argentina orientada al agro.

La causa puede tener derivaciones internacionales con fuerte impacto en Wall Street donde aparecen interrogantes sobre los controles que se aplican en las entidades bancarias a la hora de concretarse operaciones y transferencias de acciones millonarias.

El trasfondo de la pelea excede ampliamente los 12 millones de dólares. Los antiguos directivos vienen denunciando desde hace meses una estrategia para desplazar al directorio original y quedarse con el control de BIOX, la compañía que cotiza en Nasdaq.

Al mismo tiempo, la controlante Moolec informó en sus balances ganancias superiores a los 90 millones de dólares mientras que Bioceres S.A., la firma histórica donde comenzó todo y consiguió progresos científicos muy relevantes en la agrotecnología terminó con un pedido de quiebra

Por eso, para los fundadores, la investigación penal podría transformarse en una pieza clave para reconstruir qué ocurrió durante el derrumbe del unicornio rosarino. Una pregunta sobrevuela toda la historia: cómo una empresa que llegó a convertirse en símbolo de la ciencia aplicada al agro terminó en quiebra mientras parte de sus activos estratégicos migraban hacia otras sociedades del mismo entramado corporativo.

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