Rápidamente, el sargento tomó en brazos al pequeño Ciro y realizó la maniobra de heimlich. (Foto gentileza)

“El padre me entregó la criatura, la puse en mis brazos y le realicé la maniobra Heimlich. Al cuarto intento largó el llanto”, un sonido que le devolvió la tranquilidad a todos los presentes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *